De estupideces está el mundo lleno. A Homero lo fue matando el oscurantismo del que se han rodeado siempre estúpidos filólogos en su afán de aparecer como sabios.El griego se convirtió precisamente en lengua muerta, asequible sólo a unos pocos privilegiados eruditos, gracias a la obstinación de los estúpidos erasmianos que se negaron a reconocer las evidencias científicas por temor a perder influencia. La disputa sobre la auténtica pronunciación del griego antiguo fue de este modo ganada finalmente por aquellos que utilizaron la lengua como instrumento de poder político.
Una de sus mayores estupideces fue el argumento que utilizaron para justificar la pronunciación de la vocal H -y de paso la totalidad del novedoso sistema inventado por el filólogo de Rotterdam- aludiendo al famoso texto de Cratino en el que se reproduce onomatopéyicamente el balido de las ovejas:
Ὁ δ᾿ἠλίθιος ὥσπερ πρόβατον βῆ βῆ λέγων βαδίζει.
Algunos profesores hoy en día todavía se sirven de este texto como prueba irrefutable de la validez del sistema erasmiano, aunque en clase nadie se atreve, creo, a pronunciar la “eta” como lo haría supuestamente una oveja.
Con el propósito de cuestionar tal teoría, retomo los argumentos y datos de un entrañable humanista que defendió hasta el final -aunque pocos le hicieron caso- la legitimidad de la pronunciación griega actual. Si os convencen, compañeros, deberías comprometeros a abandonar definitivamente la llamada pronunciación erasmiana del griego, que cada cual adapta a su manera, como ocurre por cierto con la del latín (a excepción, curiosamente, de los griegos, quienes en este caso sí siguen las instrucciones del holandés!). Y si no, por razones prácticas, de fluidez lectora y mejora en la competencia lingüística del griego (ático del s. V, macedónico, bizantino, grecocalabrés o arcado-chipriota, igual da), también sería aconsejable.
Para empezar, los sonidos emitidos por los animales no se pueden tomar en serio, no constituyen una demostración científica por su imprecisión y subjetividad de quien los reproduce mediante onomatopeyas. Así lo señaló en el s. XIX E.M. Geldart: “El campesino alemán oye que sus sapos dicen acht acht, y el oído griego parece distinguir las misteriosas sílabas βρεκεκεκέξ. …nosotros pensamos que nuestras ovejas dicen bah, bah, y debo confesar que las ovejas griegas me sonaban así también. Pero puede que esto haya sido un doricismo”. Ironía aparte, el mismo helenista inglés señala además que “como la letra η escasamente podría haber sido empleada como vocal en los tiempos en que escribió Cratino, es casi seguro que él debe haber escrito βεέ, βεέ.” El argumento de las ovejas fue ridiculizado por numerosos filólogos, entre ellos Αλέξανδρος Ραγκαβής, quien afirmaba que “las ovejas griegas modernas no dicen vi ni be sino mé. Tal vez los eruditos erasmianos dicataminen que el balido de las ovejas griegas modernas está corrompido por la ocupación turca”.
Los helenistas serios aceptan sin problema que en la Antigüedad hubo en realidad tanto etacismo como iotacismo, siendo este último fenómeno más arcaico, com mayor extensión geográfica e histórica, pues se mantiene en nuestros días en el griego moderno (σιδηρόδρομος: ferrocarril, σιδερένιος: férreo). De la antigüedad del iotacismo ya mencioné en otro lugar el testimonio de Platón. Aquí tenéis más datos concretos sobre la antigua pronunciación de η como i.






